lunes, 10 de marzo de 2008

Arte



Podría escribir... miento.
Escribiré los versos más tristes esta noche.
No serán versos de maestro
Y quizás sean tan escuetos que ni siquiera valga la pena leerlos
Ni tendrán la perfección como condimento.
Serán versos tiernos a golpes de sangre escritos,
A lágrimas cada parte construida, cada segundo de este momento.
Desgarrada alma en cada rincón sus penas meciendo.
Besos que golpean en silencio y rompen un beso,
Caricias que hieren como dagas atraviesan el hielo,
Miradas que aún hoy borran sonrisas,
Fotos que, por mucho que quemes, se aparecen en sueños;
Esos sádicos sueños de un pasado que pasa página,
Libro viejo y aún no llega a los veinte inviernos.
Demasiada tinta derramada del tintero, tinta roja…
Un segundo… ¿lo has adivinado?
Te diste cuenta tarde.
Ya pesa el último segundo.
Los ojos pesan, te diste cuenta…pero no llegaste a tiempo.
Allí descansa el libro, con sangre sus palabras escritas,
De piel cada página y tapa forjada,
Con su alma allí sellada.
Murió el amor.
Nació la poesía.
Se fue el poeta.

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